¿Comes por placer o por aburrimiento?

Comer es una necesidad y lo hemos convertido en un gran placer. Las grandes celebraciones siempre están acompañadas de comida deliciosa y abundante.


El hambre es el gran regulador del apetito y la necesidad de ingerir alimentos, pero el hambre no decide que alimentos seleccionamos para alimentarnos ni en qué cantidades.


La comida son emociones y la asociamos en muchos casos con placer y bienestar, y en otras con asco o repulsa. Vísceras, quesos, caracoles, son algunos ejemplos de la gran diferencia que existe cuando seleccionamos alimentos donde algunos los odian y otros los adoran.


Hambre física vs emocional.

El hambre física no está asociada a emociones, simplemente aparece y se va haciendo más intensa según pasa el tiempo. Su aparición responde a la necesidad del cuerpo de alimentos o a horarios y costumbres prefijadas. Al no estar asociada a emociones nos permite mantener el control sobre los alimentos que seleccionamos y la cantidad que ingerimos.


El hambre emocional está sujeta a nuestras emociones y cambios de humor, apareciendo de repente acompañada de alegría, tristeza, ansiedad, rabia o culpa. No responde a horarios ni costumbre y nos hace comer sin moderación y buscando alimentos muy palatables y en grandes cantidades.


Relación con la comida.

Es una frase que cada vez se utiliza más en nutrición, pero que describe de forma precisa como nos alimentamos en el mundo desarrollado. Lo primero que tenemos que tener claro es que TODOS somos comedores emocionales, en mayor o menor medida nos dejamos guiar pos nuestras emociones a la hora de seleccionar los alimentos que tomamos.


Son muchas las personas que no son capaces de disfrutar una comida y necesitan comer rápido para sentir la sensación de lleno y calmarse. Otros, la comida se ha vuelto una obsesión para ellos y nos capaces de parar de comer, luego llega la sensación de culpabilidad y frustración.


Problema con la comida.

Si tenemos una mala relación con la comida, comeremos mucho y seguramente mal, esto nos hará ganar peso. Esto nos hace estar insatisfechos con nosotros mismos y con nuestra imagen.


La solución es siempre la misma, hacer dieta. Las dietas no funcionan, especialmente si son restrictivas, y generalmente empeoran el problema, haciendo que cada vez ganemos más peso y sea más difícil perderlo, esto nos lleva de forma iremediable a la frustración y en algunos casos a la depresión. 


Salir de este círculo vicioso es difícil y necesita de profesionales que nos faciliten el proceso, nutricionistas, médicos, entrenadores y psicólogos nos pueden ayudar en este cambio.


La solución definitiva es aprender a comer


Prevenir

Como siempre que hablamos de alimentación es muchos más fácil prevenir que curar. Empezar desde bebes a tener una buena relación con la comida, nos ayudará de adultos a no sufrir sobrepeso, obesidad y todas las enfermedades relacionadas.

Son muchos los factores que intervienen en nuestra relación con la comida, los primeros ya están presentes incluso antes de entender el problema:



Infancia y lactancia. Cuando comenzamos a introducir alimentos sólidos al lactante es cuando comenzamos a experimentar sabores. El lactante se puede acostumbrar a sabores naturales o a sabores ultra procesados. Su amplitud de sabores dependerá de los alimentos seleccionados por los padres, a más amplia, mejor.


Familia. Los hábitos familiares, son pilares sobre los que se asientas muchas de nuestras costumbres en alimentación, que nos acompañan durante toda la vida. De nosotros depende inculcar buenos hábitos a nuestros hijos, siempre desde el ejemplo.


Cultura. Dependiendo de nuestro lugar de nacimiento tendremos acceso a diferentes rangos de alimentos, esto nos predispondrá a comer determinados productos.


Educación. La formación es importante y la de nuestros padres es primordial. Si no saben de nutrición, no podemos esperar que tomen buenas decisiones sobre los hábitos a inculcar a sus hijos o los suyos propios.


Poder adquisitivo. El dinero que maneja una familia influye directamente en nuestra salud, ya existen multitud de estudios donde relacionan bajos ingresos con sobrepeso y obesidad. Es la triste realidad de nuestro sistema.


Países y publicidad. La publicidad en alimentación suele estar asociada a productos ultraprocesados. Dependiendo de tu país de origen existen leyes más o menos restrictivas al bombardeo de esta publicidad.


Conclusión.

Con poco que pensemos, seguro que identificamos en nosotros mismos situaciones donde hemos comida de forma emocional y no hemos podido parar. Quizás, esto nos ayude a entender el difícil problema de las personas con obesidad y su dificultad para curarse.

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