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Hambre, Apetito y Saciedad

Tradicionalmente al hablar de hambre y apetito hemos definido a la primera como una necesidad fisiología y el apetito como una cuestión hedónica, básicamente comer por placer.
 

La explicación más sencilla ha sido siempre que la comida que hacemos al mediodía es hambre y el café que tomamos de postre es totalmente hedónico y eso es apetito. A su vez también podríamos hablar de una sed fisiológico ("tengo sed") y otra hedónica ("me apetece tomarte otro refresco"). Pero este planteamiento presenta una serie de inconvenientes:


1) Lo primero es que el acto de comer es un acto mucho más profundo que una mera cuestión biológica y es social, educacional, cultural, experiencial, emocional... y unido ahora sí a cuestiones biológicas (sin que halla una separación clara entre las primeras y las segundas) darían lugar a nuestra conducta alimentaria. Es decir yo puedo no comer algo porque me sentó mal en su momento y lo he aborrecido, porque sea tabú en mi creencia religiosa, me gusta de una forma porque es como siempre se ha comido en casa y cualquiera situación que ejemplifique lo que indico.


2) Hambre y apetito nunca actúan como conceptos separados, siempre forman un todo integrado aunque haya situaciones en las que pueda prevalecer lo fisiológico frente a lo hedónico y a la inversa. Un ejemplo podría ser cuando se es más joven y después de una noche de fiesta y de bailoteo al llegar a casa me puedo comer las lentejas frías que estaban guardadas en la nevera sin esperar a calentarlas (fisiológico frente a hedónico). O el clásico no tengo hambre pero un pastel sí que me comería (hedónico frente a fisiológico).


3) Hay un error de base. ¿En una sociedad en la que hay hiperdisponibilidad de alimentos y puedo comer siempre que quiera realmente en algún momento de mis cinco comidas en un contexto de sedentarismo alguna es por una necesidad puramente fisiológica?. No, la verdad es que no. La definición clásica de hambre como urgencia para comer debido a un estado de déficit energético hace aguas por todos lados y más en una sociedad que tiende a la obesidad.  Entonces en la actualidad el deseo por comer se puede explicar a través de la mezcla de la falta de sensación de llenado (o vacío) unido a la anticipación por el placer de comer (recompensa) junto, ahora sí, a una necesidad fisiológica.


¿En algún momento podríamos encontrarnos en alguna situación en la que ese hambre fuera tal?. Sí, en un ayuno voluntario o impuesto de cierta duración o por ejemplo en una prueba como puede ser la maratón. Pero incluso en esta circunstancia los atletas profesionales se refiere a esta sensación como algo parecido a un dolor de cabeza y la ingesta como un paracetamol. Una vez que desaparece el dolor (hambre) no tienen que tomar más paracetamol, ni siquiera de forma preventiva 


¿Y si gran parte de esto es hedónico y aprendido puedo aconstumbrarme a comer a algunas horas o a un número determinado de comidas y tener esta sensación de deseo por comer a esas horas?. Pues sí, la verdad es que sí 


Entonces nos encontramos en una situación en el que el componente hedónico es muy importante y en un ambiente en el que la comida, esencialmente la ultraprocesada, es hiperpalatable y de muy fácil acceso. El alimentarnos de forma crónica de esta forma puede desestabilizar muy mucho distintos elementos reguladores a la par que se modifica nuestra conducta alimentaria hasta el punto de reducir nuestras preferencias a unos cuantos alimentos (ese embudo nutricional) que no suelen ser los mejores para nuestra salud.


Está muy bien eso de hablar de balance energético y ponerlo como base de todas las pirámides para la pérdida de peso (sin distinguir entre gente sana o enferma) pero más importante sería que nos planteáramos el porqué la gente come de esta forma tan nefasta en la actualidad y hay tan poca adherencia a una forma mejor de alimentarse. Y no caer en el error de reducirlo todo a calorías ignorando el impacto biológico de esos alimentos porque por esa regla de tres si hago ejercicio físico puedo comer lo que quieras. Y este es un mensaje no sólo erróneo sino peligroso.


Come comida de verdad.

 

 

Walter Suárez Carmona

Investigador en nutrición.


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