¿Son necesarias las pastillas para adelgazar?

No voy a descubrir a nadie lo difícil que es adelgazar y más difícil aún es mantenerse en el nuevo peso, solo el 20 % de las personas que pierden peso se mantiene pasado 1 año y ese porcentaje desciende 1 punto cada año que pasa hasta los 10.


Recordando que las nuevas células grasas que generamos al engordar tienen una vida útil de entre 8-10años, podemos afirmar que solo un 10% de las personas que adelgazan se mantiene en el nuevo peso una vez transcurridos 4-5 años.



Posiciones enfrentadas

A favor de los medicamentos. Todo el que se ha puesto a dieta ha descubierto lo difícil que es adelgazar y esto se complica según van pasando los años. Una ayuda de medicamentos puede ayudarte en esta tarea.


La obesidad crece de forma alarmante y parece que no tenemos forma de parar esta dolencia que esta de tantos trastornos,  la fuerza de voluntad y los hábitos saludables está claro que no han conseguido pararla, de forma que es necesario para muchos una ayuda farmacológica.


En contra de la medicación. Muchos de los medicamentos farmacológicos para adelgazar lejos de crearte buenos hábitos de vida lo que hacen es generar una dependencia al fármaco y una  dependencia al paciente.


Esto genera que se tome de forma indiscriminada y se prefiera el medicamento antes de cambiar hábitos deporte y comida sana.


Fuerza de voluntad

No todos tenemos la misma fuerza de voluntad y en general preferimos siempre el camino fácil. Si existirá una pastilla para solucionar este problema de salud pocos se resistirían a tomarla.


Hace algunos años leí una historia que podría habernos pasado a cualquiera, y describe a la perfección este problema:


Esa tarde de verano había quedado con mi amigo de toda la vida Manuel, que andaba preocupado después de su visita al médico. Manuel pasaba ya los 50 y le habían detectado el colesterol y los triglicéridos por las nubes. Su médico le había recomendado dieta y ejercicio, sobre todo para perder los 20 kilos que había puesto en la última década.

Estuve toda la tarde explicándole el plan de entrenamiento que había ideado para él, era sencillo, algo de cardio para empezar y cuando recuperase la forma un poco empezaríamos también con el gimnasio.

Después de las tres primeras semanas empezó a faltar a los entrenamientos por motivos laborales y pasado dos meses lo dejo hasta que aliviase la carga de trabajo que tenía en ese momento.

Un año después y varios intentos de por medio seguía en la misma situación y sin haber perdido un gramo.

Unos meses después, le dio un infarto en el trabajo y a pesar de la prontitud de la ambulancia y la atención de los compañeros no se puedo hacer nada por él.

Me quedo con el amargo recuerdo de las semanas que hicimos deporte juntos para mejorar su salud y siempre me pregunto qué habría pasado si no lo hubiese dejado.”



Es una historia triste, pero define como muchas personas prefieren seguir con su vida a realizar cambios aunque de ello dependa su vida.


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