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¿Cómo nos engañan los sentidos cuando queremos comer?

“Comer es un placer, la comida entra por la vista, huele que alimenta”…son frases que demuestran que los sentidos intervienen en nuestra forma de alimentarnos.


La Obesidad, es una enfermedad que ha aumentado a nivel mundial desde el año 75 y parece que aún no hemos alcanzado la cima. Como se comenta ahora mucho, aún no hemos aplanado la curva.


Vista

La OMS como organismo internacional, ha sido muy corta de vista con el problema de la obesidad, en especial la infantil. El marketing en la alimentación se ha adaptado a los nuevos consumidores, los niños, ofreciendo productos muy atractivos visualmente pero con enormes carencias a nivel nutricional.


Solo hace falta pasarse por cualquier supermercado para observar como dulces, chocolates, galletas y bollería, están cubiertos de envases muy atractivos para los niños, con sus personajes de sus series favoritas o simplemente con figuras infantiles para atraer su atención.


Estos envases son muy atractivos a los niños, que son los que impulsan a los padres a este tipo de compras.


Más del 99% de alimentos para niños analizados tiene excesos de grasas, azúcar, sal…


Muchas comidas son más o menos apetecibles simplemente por su presentación. Esa presentación, activa procesos en nuestro cerebro que nos ayudará a seleccionar la comida que nos produzca más placer. La mayoría de las veces nuestro cerebro nos la juega y toma la peor decisión a nivel nutricional.


Se ha permitido que los niños sean objetivos de marketing



Gusto

El paladar está compuesto por recetores en nuestra lengua capaces de distinguir muchos sabores. Hace muchos años, cuando estudiaba en el colegio, aprendí que la lengua puede identificar 4 sabores básicos, ahora sabemos que son muchos más, como el sabor metálico, graso, umami, almidón, etc…


También podemos determinar que no todos los alimentos tienen el mismo nivel de sabor, un alimento como una pizza, es una explosión de sabor en la boca, nada que ver si comemos una manzana.


Los productos ultra procesados como bollería, refrescos, comidas rápidas o chatarra, utilizan los potenciadores de sabor, haciendo que nuestro paladar se acostumbre a este nivel de sabor.


Si acostumbramos a los niños a comer alimentos con estos niveles de sabor, luego es imposible que les gusten las verduras o las frutas, básicamente porque les resultaran insípidas.


Si a esto le unimos lo comentado en la sección de vista, tenemos un binomio perfecto para hacer de nuestros hijos unos obesos.


Olfato

El olfato está íntimamente relacionado con el gusto, el ejemplo que mejor los explica son los “cheetos”, para quien no los conozca son una especie de patatas fritas con un intenso sabor a queso. Cuando dejamos el paquete abierto mucho tiempo pierden el sabor a queso, y eso es porque no tiene un fuerte sabor a queso, pero si un olor muy fuerte a queso.


Evidentemente el olor de ciertas comidas nos condiciona en su elección. Comidas que nos gustan al olerlas nos traen recuerdos de su sabor y nos incitan a comerlas.


Tacto y oído

Son dos sentidos que en alimentación tendemos a abandonar, pero que sin darnos cuenta también tiene su hueco. El tacto nos va a ayudar a determinar si ciertos alimentos son más o menos apetecibles dependiendo de su estado., a nadie le apetece comerse una hamburguesa que el pan está muy duro o demasiado blando.


Cerebro

Todos los sentidos envían señales a nuestro cerebro para decidir cuál es el mejor alimento, La parte racional nos avisara de los peligros de algunos, en el caso de conocerlos y la parte emocional se decantara por los que nos produzcan más placer y disfrutemos más con su sabor.


Como vemos es realmente difícil resistirse a la parte emocional.


Conclusión

Los sentidos intervienen en nuestras decisiones a la hora de alimentarnos y en muchos casos nos traicionan.


Parte de la Industria alimenticia de ultraprocesados, ha aprovechado la falta de normativa en marketing y control para campar a sus anchas.


La OMS y los Países, han estado durante décadas viendo como empeoraba nuestra salud sin reaccionar, y han convertido a la obesidad en una enfermedad de primer orden.



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